La Leyenda

Historia de un animal poco conocido

El Jabalobo, animal fetiche de Black Mountain, nació en un primer momento de la fértil imaginación de los cuatro socios. A continuación, se materializó bajo la certera mina del lápiz de dibujo de Jean-Claude Pertuzé, ilustrador y dibujante gascón de enorme talento. Jean-Claude, un apasionado de la historia y de la cultura occitanas, se quedó prendado de este animal fuera de lo común y se puso a imaginar cuáles serían sus orígenes… Este es, en esencia, el resultado:

El Jabalobo es descrito unánimamente como una criatura híbrida, una mezcla de jabalí y de lobo. Los naturalistas pueden seguir argumentando que eso es imposible, pero lo cierto es que nadie les ha pedido opinión. Las descripciones sobre el aspecto del animal coinciden: un lobo enorme de pelaje áspero y erizado, de cola larga y gruesa, hocico con forma de morro y, sobre todo, con dos colmillos que le sobresalen de ambos lados de la mandíbula, como las defensas del jabalí, además de tener un cuerpo macizo y achaparrado. El Jabalobo ataca a sus víctimas abalanzándose sobre ellas, asestándoles un fuerte golpe con el hocico y, a continuación, destrozándolas con sus potentes mandíbulas.
Del Jabalobo siempre se habla en singular, como si fuera una criatura única y, en cierta medida, inmortal. Los escasos testimonios que hay sobre él nunca hacen referencia a un ejemplar joven, a uno viejo o a una hembra. Nunca se ha encontrado un cadáver de Jabalobo, ni restos, pelos, huesos o dientes. En definitiva, todo apunta a que se trata de un animal fantástico, puramente mítico.

El propio nombre, «Jabalobo», puede hacer sonreír; se trata evidentemente de una palabra compuesta a partir de la mezcla de «jabalí» y «lobo», lo que hace pensar que se trata de una invención moderna. Sin embargo, en testimonios antiguos, encontramos la palabra louglar en lengua occitana, que al parecer significaba «cerdo solitario». Así, «Louglier» (Jabalobo en francés) podría ser simplemente la forma afrancesada del antiguo Loup-Glar occitano.
Si bien el recuerdo del animal salvaje y temido se ha ido diluyendo un tanto en la memoria, en general aún permanece de modo más o menos inconsciente, sin que se tome demasiado en serio.
Las fuentes que hablan sobre la presencia del Jabalobo en la Montaña Negra son escasas y fundamentalmente orales. Hay varios relatos de estragos causados por la bestia: una joven pastora en el siglo XVII o una mujer que atravesaba un bosque hacia finales del XVIII, a las que se supone que el Jabalobo mató y devoró; pero los lugares son bastante imprecisos y no se menciona ningún nombre. Existen diversos testimonios según los cuales, al parecer, se ha visto al Jabalobo en otros sitios. Naturalmente, hay que lamentar que investigadores de renombre no hayan iniciado una investigación mínimamente rigurosa sobre el tema.

Al leer el texto, uno sólo puede quedarse boquiabierto por la desbordante imaginación de Jean-Claude Pertuzé. O quizá todo ello tenga menos que ver con su imaginación que con investigaciones reales…